La película de Barry Levinson parte de una premisa interesante: ¿Que habia orurrido si Sherlock Holmes y el doctor John H Watson se hubieran conocido durante sus años de Instituto? Esta pregunta podría dar de sí a un sinfín de variables sobre ambos personajes, pero en el caso que nos ocupa, la respuesta parece ser que ambos hubieran vivido una serie de aventuras, más cercanas a las de Indiana Jones (en especial a la segunda entrega del aventurero interpretado por Harrison Ford) y a las de otras producciones de la factoría Spielberg, que no a las narradas por Arthur Conan Doyle.
La película resuelve, a su particular manera, algunas de las cuestiones que han intrigado a los seguidores holmesianos desde hace más de un siglo: Su rechazo a las mujeres, de doóde sacó la pipa y el abrigo Inverness(de nuevo, la pipa es de calabaza, como las que usaba Rathborne, y el abrigo lo popularizó William Gillette en su obra de teatro sobre el personaje), cómo conoció al inspector Lestrade (que si nos atenemos al canon holmesiano, si fuera tal y como se dice en la película ya sería casi un anciano en las novelas de Doyle).